jueves, 1 de septiembre de 2011

Si la vida fuera fácil, no valdría la pena

A veces... no, no a veces, las relaciones sentimentales son difíciles... ya sea amistad, amor, parentesco, hasta compañerismo son lazos pueden ser tan fuertes, que resisten golpes, balazos y pedradas del mundo exterior, sin contar que pueden desmoronarse con una palabra o una acción de las personas involucradas.

Todo empieza por una sílaba, un gesto o una mirada, cuando empiezas a tener la noción de la situación, puedes darte cuenta y hacerte el loco como lo hacemos la mayoría, sólo unos cuantos se atreven a arreglar las cosas desde su inicio, como cuando te despiertas en la noche con la boca seca pensando si todo estará bien con esa persona, o una discusión queda inconclusa, dejando rezagado el sentimiento de que algo se rompió y nadie se tomó el tiempo necesario para arreglarlo.

Una vez que pasan este tipo de situaciones, lo demás se va en automático, es comparado al cáncer, primero sientes que algo no esta bien, pero por: flojera, decidia, codez, miedo... (y la lista puede seguir) no te realizas estudios -hablas las cosas-, que tan grave puede ser un dolor de cabeza -una discusión por celos injustificados- o un leve mareo -dejar hasta el último los intereses de tu pareja-, si con una pastilla -dejarlo así y fingir que nada pasó- se va a solucionar en el momento. Pero no, las cosas no funcionan así, las señales se presentan y mientras mas acumulas "malestares" mas obvio se vuelve, entonces, ya estando en verdad grave es cuando se te ocurre al fin ir con el doctor -tratar de arreglar las cosas-, con grandes posibilidades de que sea demasiado tarde.

Como el cáncer, esto crece, en silencio, dejando escapar ciertos indicios de que algo está mal... ¿los vas a reconocer? o ¿te vas a tomar una aspirina?.


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