domingo, 26 de febrero de 2017

Le dicen el blog depresivo...

El problema con éste blog, es que sólo lo utilizo cuando las cosas van mal, muy mal; si hubiera escrito el domingo pasado por ejemplo, sería todo tan diferente, tan animado y rosa. No, no me nace escribir cuando todo va bien, o al menos cuando creo que es así.

Tal vez deba empezar por cómo inició, cómo sin darme cuenta lo fui queriendo, como cuando empiezas a hacer algo todos los días, como cocinar para poner un ejemplo: cocinas y cada día te gusta un poco más, te vuelves buena en eso, de pronto es parte de ti, no te das cuenta que cocinar ahora es tu día a día y no es como si no pudieras vivir sin cocinar, el problema es que fue tan sutil, que cuando te quitan de golpe la estufa ya no es lo mismo. Tal vez es una analogía tonta, vaya, era un ejemplo.

Empezamos sin congeniar del todo, amigos en común, la misma oficina, reuniones donde los dos por alguna razón estábamos. No hicimos click enseguida, fue pasito a pasito, cada vez que nos veíamos platicábamos un poquitín mas, nada intenso, las risas empezaron a fluir, así como los temas de conversación y sin saber cómo ni cuándo, era con la persona que más cómoda me sentía. Para mi no es nada fácil romper la barrera del espacio personal con la gente, me tienen que inspirar infinita confianza. Con Jay fue natural, me di cuenta cuando, sin razón aparente me quede dormida en un sillón de la oficina, recargada en su hombro.

Se convirtió en mi persona favorita, para hablar, reír, salir... se volvió mi persona favorita para estar callada, estar a su lado sin decir palabra era lo que relajaba mi día y cuando las cosas en verdad se tornaban difíciles, un abrazo de Jay era lo que me hacía sentir que todo estaría bien.

Un día nos besamos, se sintió tan correcto, parecía que toda la práctica anterior fue para que en ese momento, fuera lo que un beso debería ser, sin prisa y a la vez tan lleno de pasión.

Y como la mayoría de las veces me gusta estropear una buena historia, entré en negación, "¿Jay? ¿en serio vas a hacer eso?", no parecía el indicado para mi, tenía sin fin de contras, cosas que me aferraba a maximizar siendo propias de una persona normal, no le di muchas vueltas al asunto antes de decidir que no era lo que yo quería, no importaron todo lo que me hacía feliz de estar con él.

Hablamos y se lo dije, le dije que no era lo que buscaba y que no era necesario complicar las cosas, seguiríamos siendo muy buenos amigos y listo. Tonta.

Claro que un par de semanas después, de cierta manera, me retracté (el sábado pasado de hecho) y el domingo salimos, no hablamos del tema, nos limitamos a tener una noche genial, cenamos, fuimos a un bar y hablamos de todo y de nada, estuvimos en silencio y cerramos la noche con un gran beso. Se podía decir que fue un día perfecto. Tan perfecto que toda la semana después de eso las cosas se pusieron frías y no hemos hablado mas que para lo necesario.

Si, yo tampoco sé por qué. 
Aquí viene la noche, para quebrarme la cabeza intentando descubrir la razón.

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